Testimonios

Isabella Lulli / Voluntaria

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Operación Sonrisa se volvió parte de mi vida hace ya casi ocho años cuando mi mamá, quien era parte de la organización, me embarcó en este viaje, el que me ha regalado experiencias y momentos inolvidables, además de incontables enseñanzas y oportunidades de crecer como persona.

Comencé a involucrarme en la organización cuando tenía 13 años, solamente ayudando a recaudar fondos y sin ver el cambio que mis esfuerzos lograban. A los 14, fui a mi primera misión en el Hospital Daniel Alcides Carrión, y fue una experiencia inolvidable. Me enamoré de la labor. Sentí amor al cambiar vidas, al ver a una persona sonreír por primera vez, y es lo que me motivó y motiva a continuar todos los días ayudando.

Desde que me volví voluntaria de esta organización he tenido varios momentos que marcaron mi vida pero me gustaría contarles dos de ellos:

El primero ocurrió en una de mis primeras misiones. Llegué al hospital y me pidieron que ayude a trasladar a los pacientes a la sala de operaciones desde hospitalización y, a su vez, traer de regreso a los pacientes que ya han sido operados. Era una tarea sencilla, nada del otro mundo. Estaba en la sala de recuperaciones con un bebé de aproximadamente 5 meses que había salido hace poco de su operación de labio y paladar, llegó su madre y llorando me abrazó. En ese momento mil ideas vinieron a mi cabeza y ella me contagiaba la emoción. Mientras me abrazaba me agradecía como si yo le hubiera cambiado la vida a su bebé, en ese momento unas lágrimas caían de mis ojos, me di cuenta lo importante que era para los pacientes y sus familiares lo que Operación Sonrisa realiza y es ahí cuando realmente me enamoro de la causa.

La segunda fue hace 4 años, cuando conocí a una persona que me motivó a ir más allá de solo ir a misiones y ayudar a recaudar fondos. Ese mismo año había fundado mi primer club estudiantil en el San Silvestre, por eso los colaboradores de la organización decidieron presentarme a una persona que marcó mi vida, Carlos Verón, quien logro que lleve mi trabajo como voluntaria al otro mundo, el me pidió que sea parte del Consejo de Estudiantes Latinoamericanos, quienes representan los clubes estudiantiles de su país. Forme parte de este grupo por dos años consecutivos con dos grupos de personas que también me ayudaron a crecer como persona. Aprendí a trabajar con chicos y chicas de mi edad que tenían la misma pasión y amor que yo por la organización y con ellos logramos muchas cosas grandes, como crear más clubes en los diferentes países, actividades para conseguir más voluntarios y fondos.

La pasión de las personas a mi alrededor fueron los que siempre me motivaron a luchar por mis sueños y los de la organización, que todos los niños del mundo puedan sonreír, tener una vida feliz y saludable. Mi familia, mis amigos y en especial esa lindísima familia que es Operación Sonrisa son los que fomentan mi amor por la organización.

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